martes, mayo 25, 2010

La Costa Azul de Fitzgerald y Sidonie o cómo pararse un rato en un disco


A veces se me antojan pocos los 969 años que vivió Matusalén. Siempre me espanto al ver el sumatorio que hace el iTunes de los tiempos de duración de todos los discos que tengo en mi ordenador. Con la ansiedad con la que queremos hoy día estar al tanto de lo último que va saliendo, de lo que ya salió, de los mejores discos y canciones del año, etc, francamente 969 años son pocos... Me hace gracia recordar con qué manera tan elegante me llamó imbécil un Guardia Civil de Tráfico que un día de mala suerte me paró en la carretera... "la prisa es pasión de necios..."

Este fin de semana terminé de leer "Suave es la noche", una novela de
Fitzgerald. La novela se inicia con las vacaciones de un grupo de adinerados en La costa azul, lugar en el que los ricos de toda Europa y muchos americanos viven o mejor dicho tratan de vivir sus idílicas vidas. Y digo tratan de vivir porque como me gusta decir siempre "la felicidad está sobrevalorada y además es inquietante, ya que la tristeza está siempre al acecho", por lo que en esas idílicas vidas, concretamente en las de la pareja que protagoniza la novela, no tardará en llegar la tristeza, el desencanto, la desdicha... Dick Diver y su esposa Nicole, él psiquiatra y ella enferma mental. Aparentemente en su inicio viven una vida más que feliz con baños de fiestas y de mar en la costa azul, que con el flashback el autor va introduciendo el tremendo inicio que tuvo esa relación y el porqué es una relación desde su creación casi condenada al fracaso. En este caso la máxima de "quien resiste gana", como en tantas relaciones en la vida no va a funcionar.

La novela es totalmente recomendable.

Lo que al principio de la novela en los encuentros en la playa y en las fiestas era pura alegría y conversaciones triviales, banales, hedonismo esencialmente, se torna melancolía y hasta ansiedad en situaciones parecidas a medida que va avanzando la novela. Es como si la alegría abandonase a quienes abusan de ella y ya no se pueda recuperar aunque volvamos a hacer lo mismo que hacíamos antes cuando la teníamos. Tuve un sensanción con éstas partes de la novela igual a la que tuve al ver a Marcello Mastroianni en la fiesta del final de la pélicula "La dolce vita". La amargura en una aparente situación de felicidad.


Estuve dándole vueltas a estas cosas y como quien cree haber encontrado petróleo... me puse a buscar por la red algo que hiciese referencia a las dos obras en este sentido y la sorpresa vino cuando al sumar la novela de Fitzgerald y la película de Fellini en la barra del buscador de google me encontré con ésto. Tal vez en su día esa pasión del necio, añadida, lo confieso, a un escepticismo sin sentido, me hizo tal vez no pararme en "La costa azul" de Sidonie. La sencillez de las letras toman ahora el sentido que cuando escuché el disco, poquísimas veces he de confesar también, no encontré.

Ahora mismo disfruto escuchando ese maravilloso steel guitar y la trompeta y con las letras en esta gran canción.


Fran, que es muy fan de Fitzgerald también se inspira en sus novelas o en el mismo Fitzgerald para escribir canciones, ya con La costa brava, lo hacía.


8 comentarios:

Unos zarcillos pa mi luna : dijo...

Ivanpu, solo quería dejar constancia de lo mucho que me ha gustado el post. Precioso.

Un abrazo.
R.

combatientes70 dijo...

Yo tb lo he disfrutado y estoy muy de acuerdo con tu opinión de la felicidad. No he leído la novela pero cada día me gusta más la peli de Fellini. Voy a buscar el libro y a escuchar a Sidonie. Besos

josE dijo...

Los de la editorial te lo agradecerán. Me voy a por el libro... jajaja.
Maravilloso post, amigo Ivanpu. Es mi disco favorito de Sidonie, con unas letra y unas melodias espectaculares.

Todo lo que nos gusta dijo...

Cuantos discos buenos nos estaremos perdiendo por no insistir en escucharlos... A veces este tipo de cosas son las que te atan a un disco, que una película o un libro te lleven de un lado a otro y así poder disfrutar mucho más de todo esto que nos gusta tanto.

Yo creo que ese deseo de alcanzar la felicidad es el que nos hace tirar para adelante y lo que nos hace muchas veces dar un paso atrás es que desempeñamos nuestro papel de adultos más tiempo del que deberíamos hacerlo... En la novela hay una cita maravillosa que dice: "Tal vez fuera él el que tuviera que dar el primer paso. Los niños, aunque no se conozcan, se sonrien y dicen ¿jugamos?"

Nos complicamos demasiado las cosas...

La pelicula de Fellini es tremenda y el disco de Sidonie puede ser el disco perfecto para escuchar este verano en la playa practicando ese maravilloso deporte que se llama "saudade".

Un abrazo a todos

David dijo...

Es muy interesante observar cómo se interrelacionan música, literatura y cine. En el caso de Family, el disco toma el nombre de una película de Louis Malle, el nombre de una canción de Cesare Pavese, El bello verano. Luego, la primera frase de este libro fue el título del único disco de Portonovo, en homenaje a Family.
Estupenda entrada Iván.

Amador Aranda dijo...

Qué buena entrada Iván. Me ha encantado. Me apunto el libro. Qué raro es lo de relacionar cosas que han sido hechas por gente diferente, pero que están relacionados. Me gusta que la vida nos dé de vez en cuando casualidades. Un abrazo.

A. dijo...

Yo creía que la felicidad era una alucinación fruto del consumo de opiáceos.

En cuanto a Fitzgerald, reconozco que es excelente, y yo prefiero sus relatos cortos. También es magnífica esta novela que me recuerda siempre, por comparación, a El jardín del Edén de Hemingway (para mí, quizá lo mejor de él junto con algunos de sus primeros cuentos). En las dos, en Suave es la noche y en El jardín del edén, el escritor ha de elegir entre el amor y su vocación artística. Lógicamente, Fitzgerald y Hemingway resuelven este dilema de manera distinta. Creo que leer estas novelas a la vez es perfecto. No sé si escuchar también a Sidonie mejoraría (o empeoraría)la experiencia...

Anónimo dijo...

bonito post
me recuerda a un poema de Felix Grande:

Donde fuiste feliz alguna vez
...no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos,levantando
su muro fronterizo contra el que la ilusión chocará estupefacta.

El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas,
mientras ibas
ingenuamente por el mundo

conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro -el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupadocon intrusos fantasmagóricos q...ue con su ajeneidad,
te empujan a la calle, al vacío.

Si fue un barrio, hallarás entre los cambios del urbano progreso tu cadáver diseminado.
No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle su cuchillo desesperado,...
morir asesinando.
Mas sabes que la dicha es como un criminal que seduce a su victima que la reclama con atroz dulzura mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado a regresar,
humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás porque la dicha consistió en marcarte con la nostalgia,
convertirte la vida en cicatriz; y si has de ser leal,
girarás errabundo alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba de su dueño… su dueño… su dueño…